A historia de Iago Pazos e Marcos Cerqueiro ao frente do Grupo Abastos 2.0 contada en ABC


A Historia de Abastos 2.0 contada nesta  nova serie que comeza hoxe en ABC "LAS MIL GALICIAS | LA TIERRA QUE EMPRENDE (I)" , editado por PATRICIA ABET e ABRAHAM COCO


Marcos Cerqueiro es junto a Iago Pazos propietario del Abastos 2.0-  Foto de Miguel Muñiz

"ABC abre una ventana hacia otra realidad de la Galicia actual: la que desafía a la crisis y alcanza el éxito gracias a su capacidad emprendedora. De la gastronomía a la tecnología, el textil o la industria, en marzo relataremos las hazañas de los gallegos que un día dijeron «e se chove, que chova» "

Marcos Cerqueiro | Abastos 2.0

«Al principio estábamos solos, ahora tenemos 21 empleados»

La historia de Iago Pazos y Marcos Cerqueiro al frente del Grupo Abastos 2.0 arrancó en 2009 cuando los dos cocineros se interesaron, sin saberlo, por el mismo local. Se trataba de un reducido espacio ubicado en una zona —el mercado de abastos— muy alejada del circuito hostelero de la capital gallega por aquel entonces. Ese pequeño local representaba «un sueño» para los dos, así que contrastaron su idea de negocio y dieron el primer paso. Sería el primero de muchos. En concreto, el primero de los cinco que Iago y Marcos han dado hasta el momento a razón de la apertura de un nuevo local por año. El último se llama Barra Atlántica y abrió hace tres meses en una céntrica calle de Madrid. Pero antes de llegar a eso, Marcos recuerda unos inicios que no fueron fáciles.
«Durante mucho tiempo cobrábamos menos que nuestros empleados»
«Casi dormíamos aquí y había gente que nos decía que agradecía que estuviésemos, porque al menos había una luz en la calle y ya nos les daba miedo pasar». Para poner en marcha el Abastos 2.0, estos jóvenes emprendedores contaron con el aval de sus familias, «que desde el primer momento creyeron en el proyecto». Las redes sociales, el boca a boca y una idea de negocio basada en el mejor producto gallego ayudaron a arrancar un negocio que tuvo que ir reinventándose por el camino. «Durante el primer año cocinábamos, servíamos, limpiábamos y cobrábamos 200 o 300 euros al mes», recuerda. «Iba entrando dinero, pero los traspasos y el montaje de la cocina pesaban mucho. Si no hubiéramos acertado estaríamos arruinados o escapados de España» bromea Marcos para aclarar que a día de hoy, y con el negocio en expansión, aún no siente tranquilidad.
El primer empleado llegó a los quince días, en plena crisis económica, pero durante mucho tiempo los dueños del Abastos cobraron menos que sus trabajadores. Ahora el grupo cuenta con un plantel de 21 personas con una media de edad que ronda los 30 y pocos años, sin contar todos los que contratan durante la temporada estival cuando la facturación aumenta. La estrella de Belén que desde el inicio guió el proyecto de Iago y Marcos los hizo cruzar la calle para abrir su segundo local al cabo del primer año, un espacio más orientado a un menú especializado que ahora abandera la nueva cocina de la ciudad. «Mi padre tardó en entrar porque estaba acostumbrado al pulpo y los pimientos y decía que esto no era para él. Ahora viene todas las semanas y trae a sus amigos» descubre Marcos para resumir cómo el cliente ha aceptado una nueva visión de la gastronomía con sello gallego.
«Salimos del concepto churrasco, cocido y grandes bandejas. Nosotros queríamos ofrecer un menú diferente para todos los públicos». Y así llegaron los tartares de jurel con helado de queso de San Simón y los huevos con chorizo hechos a baja temperatura. Un 60 por ciento de las reservas de este grupo —Abastos, Barra Atlántica, Loxe Mareiro— provienen de fuera de Galicia y dan cuenta del tirón gastronómico de la Comunidad. «Hay muy poca autoestima en Galicia y qué mejor reflejo de todo lo que tenemos que un mercado de abastos». La mitad del plantel del grupo —que ellos llaman cariñosamente «parroquia»— se formó en las salas de los cinco locales cuyo germen sigue estando en esa pequeña taberna anexa al mercado santiagués.
El sueño de Iago y Marcos es hoy más realidad que nunca, pero sigue habiendo metas. «Estamos atrapados en lo que nos gusta y con los pies en la tierra, aunque el objetivo es poder disfrutar un poco más de la familia y de todo el esfuerzo realizado», reconocen sabedores de que «muchos lo intentaron y se quedaron por el camino».